El cielo nublado, las nubes llorando, el mar y su furia me recordaban tu partida en aquel barco, te pedí que te despidieras por teléfono, me dijiste que no te gustaban las despedidas, que te olvidara y no te llamara, que de nada valía si te recordaba. Es ahí en aquel momento donde se desató mi viaje en un mundo de pasadizos perdidos, quería ir a otro mundo, lleno de colores y fantasías, ir donde no existiera el frío, donde el recuerdo fuera un momento intenso, sin rocas ni tropiezos. Mis pasos serían la huella del recuerdo de una partida, donde sólo conduzco un tren en forma de una nube y cada riel es la esperanza que se dispersa en el cielo.
Comienzo mi viaje para poder encontrarte, explorando cada sitio y aventurándome en miles de paisajes. “Buscar, buscar”, sólo buscarte en medio de mi recorrido e imaginarte que estás presente.
Empiezo mi camino, poniendo este tren en marcha, luego de muchas vueltas, alrededor de muchos paisajes he encontrado un lugar solitario, cálido que ofrece un destello familiar a tu mirada, donde por su efecto deslumbrante me trajo el sentimiento a los afectos que sujetos a mi pecho imagino un mundo nuevo, sentimientos que te entrego en mi silencio…
Todo me recordaba a ti, la tierra, la brisa, el cielo, los pajaritos cantando, en general todo lo que tenía vida. Con una mirada rota busqué lo impensable, variados encantos de la naturaleza, donde en mi mundo imaginario, mis ojos fueron endebles, Debajo de mi sauce en un bosque a orillas de un lago me perdí cantando y bailando al ritmo de las hojas que se movían con el viento, sólo fui a buscarte donde la magia habla.































































